Una carrera contrarreloj en América Latina para mitigar la segunda ola

Lunes 22 de marzo de 2021 a las 13:52

-Par: Rachid MAMOUNI-

BUENOS AIRES – Los países latinoamericanos compiten contra el tiempo para intentar frenar la segunda ola de propagación del virus Corona que amenaza con invadir el subcontinente indio.

Dos países de la región son dos ejemplos simbólicos de esta guerra contra el virus. Brasil y Chile. La primera es una preocupación justificable, la segunda una fuente de inspiración y esperanza. Entre estos dos extremos, otros países de la región, cada uno de ellos en la medida de sus posibilidades, están luchando para intentar sacar la cabeza del agua.

Los ojos del mundo entero están puestos en Brasil, donde se examinan sus estadísticas diarias relacionadas con la campaña de vacunación, la infección, las muertes por Covid-19 y el desarrollo de nuevas variantes del virus.

La estrategia brasileña está luchando por reducir los cerca de 12 millones de casos positivos en las pruebas, como los que han sido vacunados, para una población total de 212 millones y cerca de 293.000 muertes.

Las diferencias declaradas en las visiones entre el gobierno central del presidente Jair Bolsonaro y los poderes regionales representados por los gobernadores provinciales no parecen ayudar.

El jefe de Estado critica fuertemente la estrategia que siguen los conservadores para contener la epidemia a través de medidas de contención que afectan la economía, dijo, que sus críticos consideran la única forma de frenar la epidemia.

En Chile, la situación no ha mejorado a pesar de los respetados esfuerzos de vacunación en la región y en otros lugares, con la aplicación de alrededor de 8 millones de dosis, o 1,53 dosis por cada 100 personas, una de las mejores ofertas del mundo.

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Sin embargo, sigue aumentando el número de casos que dieron positivo (más de 900.000), lo que llevó a las autoridades a reconstituir una gran parte de la población chilena. Las preguntas planteadas por el paradójico caso de Chile siguen sin respuesta por el momento. ¿Por qué la campaña de vacunación no reduce la propagación de la epidemia? ¿Amenazará la epidemia las fechas electorales, incluidas las presidenciales? ¿Chile logrará su objetivo de vacunar al 80% de su población (unos 15 millones de personas) antes del próximo mes de julio?

Argentina es un caso ejemplar del manejo errático de la crisis por parte de muchos otros países de la región. La campaña de vacunación cambia hacia arriba y hacia abajo, y los nacimientos disminuyen en comparación con las expectativas de la población.

La oposición parlamentaria y los principales medios de comunicación no prosiguen con sus críticas al gobierno, acusándolo de falta de anticipación y “favoritismo” en la implementación de las vacunas.

El gobierno se defiende diciendo que la entrega de vacunas al país se basa en un calendario preestablecido con grandes laboratorios y que la tasa de vacunación va en aumento, con más de 100.000 dosis aplicadas por día.

Con 2,21 millones de casos dieron positivo y la amenaza indicando el otro lado de la frontera con el vecino brasileño, las autoridades planean endurecer los procedimientos de entrada y salida del país, incluyendo pruebas de PCR obligatorias a la llegada y cuarentenas obligatorias en hoteles elegidos por el gobierno y pagado por los involucrados.

En Colombia, el panorama no es el mejor. El país es el segundo de la región en términos de contaminación y muertes por Covid, con 2,33 millones de casos positivos y 62.000 muertes, respectivamente. La tasa de infección parece estar acelerándose con un pico de más de 6.700 casos diarios registrados este fin de semana.

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Su ambiciosa estrategia de vacunar a 20 millones de personas antes de fin de año se está desarrollando lentamente (1 millón de personas han sido vacunadas hasta ahora), aunque el país se ve mejor en lo que respecta a las dosis de vacuna, con un lote final de 1 millón de dosis recibidas el Sábado.

Su vecino, Perú, tiene tasas de contagio regionales promedio con 43.000 casos por millón de habitantes. El número acumulado de casos positivos en este país es de 1,4 millones, incluidas 49.000 muertes.

Al igual que Argentina, Perú también tenía derecho a “Vacunagate”, refiriéndose a las personas que habían sido vacunadas fuera de los protocolos establecidos, incluido el ex presidente Martín Vizcarra y el ex ministro de Salud y Relaciones Exteriores, lo que generó indignación contra el gobierno.

A diferencia de Chile, que ocupa el primer lugar en la clase, y Brasil con sus enormes recursos financieros, científicos y técnicos, otros países de la región (Ecuador, Paraguay, Uruguay y Bolivia) tienen tasas de vacunación modestas (entre 12.000 en Paraguay y 300.000 personas en Uruguay) Y una fiebre cada vez mayor por ver llegar en masa nuevas variantes del virus del gran vecino brasileño.

En este cuarteto de países sudamericanos destaca Uruguay. Con una población de 3,5 millones, el país ha gestionado más de 300.000 dosis, un desempeño sin precedentes en la región de 6,2 por 100 habitantes.

Uruguay, que ha sido citado como ejemplo del manejo exitoso de la crisis por parte de la prensa en Sudamérica, es también el único país que inicia, a partir de este fin de semana, la vacunación de personas de 18 y más años.

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En Paraguay, la crisis de salud ha alarmado a políticos y observadores extranjeros por las violentas manifestaciones contra el gobierno y el intento de destitución del presidente, quien reaccionó con una radical reorganización del gabinete del Poder Ejecutivo para calmar vidas.

Venezuela es un caso único en la región. La dictadura de Nicolás Maduro anunció cifras mínimas que contradicen los hechos sobre el terreno, ya que las autoridades emitieron simultáneamente un nuevo estado de emergencia y estrictas medidas de contención.

Si bien las unidades de cuidados intensivos están bajo una tremenda presión, el gobierno está subestimando las cifras de infecciones y muertes, respectivamente, con cantidades acumuladas de 150.000 casos y 1.483 muertes para una población de 29 millones.

Estos números, entre los más bajos del mundo, son cuestionados regularmente por la oposición y los médicos venezolanos, quienes denuncian la falta de transparencia e improvisación en el manejo de la epidemia.

En la mayoría de estos países, el riesgo de una segunda ola de infecciones es real debido a dos factores comunes.

En primer lugar, el resurgimiento de casos ha sido positivo en las últimas semanas, provocando, además, las renuncias o salidas forzadas de muchos ministros de salud.

En segundo lugar, la situación en Brasil se considera un precursor de lo que podría surgir en otros países de la región. Parece que dicen a coro y con dolor: ¡Es sólo cuestión de tiempo!

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