Regionalismo en América Latina: de la confusión a la mitigación

Alba (La Alianza Bolivariana de los Pueblos de América, nacida en 2004)? Grupo Lima (establecido en 2017)? ProSur (Foro de Progreso de América del Sur, establecido en 2019)? Unasur (Federación de Naciones Sudamericanas, formada en 2008)? Muchas personalidades integradoras de América Latina, entre otras, ayer en la parte superior del cartel, hoy sin programar en la memoria de Alzheimer.

América Latina sigue siendo más que nunca la misma: una entrada a un diccionario enciclopédico. La entrada es indiscutible por lo que se ha discutido. Nos limitaremos a recordar que existen dos definiciones en competencia: Iberia América, América Latina, Hemisferio Occidental, Nuevo Mundo y Abia Yala. Cada uno de ellos tiene una ambición geopolítica especial, creando fronteras regionales con fronteras distintas. Esto aumenta a medida que estos conceptos continentales a veces se cruzan con conceptos más modestos de horizontes subregionales: América del Caribe, América Central, América del Sur y América del Sur.

La sopa de letras no ha impedido esta invención constantemente renovada de los convenios colectivos. Su encarnación, consistente con la diversidad de enfoques, fue históricamente multifacética. El nacimiento de organizaciones estadounidenses en el perdón sin cohesión general. Panamericana, con Canadá y Estados Unidos, en el sistema de la OEA (Organización de Estados Americanos); Pan Latinoamérica con Alba; América Latina con CILAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños); América del Norte con T-MEC (Tratado de México, Estados Unidos y Canadá); El Pacífico con la Alianza del Pacífico; Centroamérica con el Sistema de Integración Centroamericana (SICA); La región del Caribe con la Comunidad del Caribe y el Foro del Caribe; América del Sur con Unasur, ProSur y Grupo Lima; América del Sur con Mercosur.

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Este hermoso grupo carente de potencia colectiva indica la persistencia de la voluntad de convivir. Las rivalidades nacionales o ideológicas, lejos de condenar a esta o aquella institución común, impulsaron la creación de nuevas organizaciones que convivían con sus jeques. La escasez indica el cambio de los tiempos. De hecho, ha habido mareas globales y desapariciones en los últimos años. Se trata de la comunidad existente, independientemente de las fronteras geográficas, razones técnicas y ambiciones políticas. El efecto dominó se extiende a todas las estructuras regionales sin centrarse en las características de cada uno.

No hay duda de que la ideología y su ir y venir de las elecciones estaban ahí. El ascenso al poder de los grupos nacionales en la primera década del siglo XXI coincidió con el surgimiento de una psique regional en competencia con el nacionalismo estadounidense promovido por Estados Unidos y el iberoamericanismo en España. Alba, Unasur, Celac son hijas de los gobiernos de inspiración bolivariana, indígena y soberano, Bolivia de Evo Morales, Brasil de Lula, Venezuela de Hugo Chávez. La Alianza del Pacífico, ProSur y el Grupo de Lima caen bajo la imaginación liberal y conservadora, engendrada por una oleada electoral adversa posterior: en Chile por Sebastián Piñera, en Colombia con Evan Duque y en México por Enrique Peña Nieto.

Cada familia ideológica que llegó al poder ha desmantelado el regionalismo tal como lo entiende la rama rival. Los liberales en 2018/2019 redujeron a Alba y Onasur a pocas cosas. A partir del cambio político, en el campo liberal, Bolivia y Ecuador abandonaron el Alba. Argentina, Chile, Ecuador y Uruguay desertaron de Unasur. El país sede, Ecuador, ha restaurado extraoficialmente los edificios de la organización. Hoy, el renacimiento electoral nacional subacuático, el Grupo de Lima y ProSur, tocó criaturas intergubernamentales de opositores liberales. Dentro del Grupo de Lima, México ha practicado una política de silla vacía, desde que Andrés Manuel López Obrador asumió el cargo en 2019. Argentina, liderada por Alberto Fernández, se retiró el 24 de marzo de 2021.

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Solo las organizaciones Celac, subregionales, andinas, caribeñas y del Cono Sur han logrado salvar su apariencia. Débil supervivencia, después de que justificara el título abandonado de una revista económica, “El Mercosur tiene treinta años y nada que celebrar”. Los elementos de integración económica del barrio han perdido sus ventajas. Los liberales en los negocios en muchos países son sensibles a las sirenas de las superpotencias, China, Estados Unidos y varios europeos, como el presidente “del Este”, Uruguayne Lacali Bo, para flexibilizar las preferencias comerciales. Pero, ¿la contradicción? Los nacionalistas, sin decirlo, se reunieron ayer, de Argentina a Brasil, e incluso hoy de Argentina a Venezuela vía México, con las limitaciones de la economía global.

Las convenciones ideológicas han perdido relevancia, tanto a la izquierda de Alba como a la derecha del grupo Lima y ProSur. No hay duda de que su sostenibilidad a largo plazo está en riesgo. La Celac, ideológicamente ecuménica, obtuvo un indulto. Sin adición. A México, el presidente rotatorio de 2020, se le ha otorgado un mandato adicional de un año en 2021. El regionalismo poco claro en América Latina continúa dando prioridad a la economía de mercado y los acuerdos con las economías dominantes. CAF, que es un banco de desarrollo en América Latina, se enfoca en inversiones en infraestructura. España y Portugal, estados miembros de fuera del continente, son los dos garantes subyacentes de su apertura al mundo. Los arreglos dominan el momento. Bilateralmente con China. Haciendo un acuerdo con Estados Unidos, como lo ha hecho México con T-MEC. Incluyendo a los “ricos” de este mundo, los observadores de la Alianza del Pacífico. Al aceptar la adhesión sin precedentes de Estados Unidos a la cabeza del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el 12 de septiembre de 2020. Al unirse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, se forma un círculo simbólico para el “Primer Mundo”, como lo hizo Costa Rica el 26 de mayo de 2021, después de México (en 1994), Chile (en 2010) y Colombia (en 2020). Mañana son Argentina, Brasil y Perú los que todavía están en lista de espera.

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