¿Frankenstein del siglo XXI? Los científicos crean cerebros diminutos con ojos en el laboratorio

Recrear estructuras biológicas complejas en el laboratorio para el estudio del cuerpo humano es uno de los grandes avances que nos aporta la ciencia en el campo de la biomedicina. Es como interpretar al doctor Victor Frankenstein, quien en la novela del siglo XIX descubre el secreto de generar vida al crear con éxito un humano gigante, que más tarde se hizo conocido por su nombre.

Y fue precisamente en Alemania, donde se desarrolló la infame historia del “monstruo”, donde los científicos lograron desarrollar organoides cerebrales: diminutos cultivos de tejidos tridimensionales que imitan la organización del cerebro real. Cada uno tiene su propio par de ojos. “

Las células madre ayudaron a producir el pequeño Frankenstein posmoderno

Según un estudio publicado esta semana en la revista Cell Stem Cell, los investigadores crearon su diminuto cerebro utilizando células madre inducidas por humanos (iPSC), células que proliferan indefinidamente, lo que las convierte en un tema especialmente popular. Interesante en el mundo de la medicina regenerativa.

La mayoría de los cerebros contenían “cortes ópticos”, estructuras en las que la retina se convertía en mini-cerebros y simetrías más desarrolladas in vivo.

Los investigadores alemanes están creando cerebros diminutos con ojos para estudiar la formación de estos órganos en sus primeros días. Foto: Jay Gopalakrishnan / Hospital Universitario de Düsseldorf

“Nuestro trabajo destaca la notable capacidad de los orgánulos cerebrales para generar estructuras sensoriales primitivas que son sensibles a la luz y albergan especies similares a las del cuerpo”, dijo en un comunicado el autor principal del estudio, Jay Gopalakrishnan, del Hospital Universitario de Dusseldorf.

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La investigación tiene como objetivo desarrollar mejores tratamientos para enfermedades específicas

Aunque los resultados son sorprendentes, como un libro que ha tenido varias ediciones dramáticas, esta investigación puede dar una idea de cómo se formaron los ojos durante las primeras etapas de la evolución humana y cómo se podrían tratar algunas enfermedades relacionadas.

“Estos orgánulos pueden ayudar a estudiar las interacciones cerebro-ojo durante el desarrollo embrionario, modelar los trastornos congénitos de la retina y generar tipos de células retinianas específicas del paciente para probar fármacos personalizados y terapias de trasplante”, añadió Gopalakrishnan.

En un experimento, los investigadores pudieron generar “ojos primitivos” en el 72% de los 314 organoides del cerebro. Estos precursores oculares contienen varios tipos de células retinianas capaces de formar redes neuronales activas que responden a la luz, según el comunicado.

El equipo ahora está buscando formas de mantener estos ojos viables durante períodos prolongados de tiempo para que puedan usarse para estudiar los trastornos de la retina.

Como muy bien ha señalado el futurismo, este estudio no solo es el campo de pruebas perfecto para ayudar a la humanidad a encontrar formas de curar enfermedades, sino también, y quizás incluso, para hacer crecer monedas y repuestos para nuestros ojos en un futuro lejano.

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