En Argentina, la serie “Su Reino” no cuenta con la bendición de evangelistas

“Ahora yo soy el malvado, yo soy el culpable (…) Tendrá que bailar sobre mi tumba. “ En el contexto de la música trap enérgicamente, los créditos de la miniserie argentina Su reino (El Reino, en VO), firmado por el exitoso cantante Cazzu, da los de estructura de sulfuro. Un pastor bañado en dinero sucio, con un código moral dudoso (mantendremos el eufemismo para evitar spoilers), candidato a vicepresidente, se lanza al frente del escenario político tras el asesinato de su colega.

La serie creada por Marcelo Pineyro y Claudia Piñeiro, estrenada el 13 de agosto en Netflix y aún entre las más vistas en Argentina, fue seguida de una explosiva polémica por la representación de la Iglesia Evangélica.

La Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina quiso aclarar las cosas en un texto extenso: “Él inventa la ficción [sic] Crear en el imaginario popular la percepción de que las personas a la cabeza de estas comunidades religiosas solo tienen ambiciones de poder y dinero. (…), es la culpa en todos los aspectos (…). Este pastor no existe. “

La alianza apunta a la guionista Claudia Piñeiro, “Por el activismo feminista”, y su “Animosidad” a la Iglesia Evangélica durante los debates sobre la legalización del aborto – en 2018, luego en 2020 antes de su legalización, el 30 de diciembre del mismo año. Los partidos progresistas reaccionaron sin demora, defendiendo la libertad del autor, quien él mismo insistió en un foro: “La ficción es una mentira. Puede ser o no una mentira creíble, divertida o no, que puede o no ser objeto de debate en la sociedad. Pero sigue siendo mentira. “

Un culto que recluta

Interferencia en la vida política nacional, sólida base financiera, culto muy popular: “Lo que vemos en la serie se acerca a lo que podría ser la situación en Brasil, pero no a la de Argentina”. dice Marcos Carbonelli, politólogo del Conicet, centro público de investigación y especialista en los vínculos entre política y religión.

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Sin embargo, la Iglesia Evangélica ha fortalecido mucho su presencia en el país: en 2008, el 9% de los argentinos se consideraba perteneciente a esta rama del cristianismo, en 2019 eran el 15,3%, según una encuesta del Conicet. Un avance que forma parte de una dinámica regional, con el declive del catolicismo, religión mayoritaria en el país del Papa Francisco.

Y si en Argentina, a diferencia de Centroamérica, la Iglesia Evangélica se mantiene alejada de las puertas del poder, esta comunidad se ha afirmado cada vez más, en los últimos veinte años, como interlocutor del Estado y su organización política. “Desde la década de 2000, con los debates sobre educación sexual en la escuela, luego el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo [légalisé en 2010], los evangélicos hablan de otros temas además de la adoración, para oponerse ” rehace Marcos Carbonelli.

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